HUERTA CK

LA HUERTA ESCOLAR

Un medio para la apropiación del conocimiento científico

En un mundo globalizado en el cuál diariamente se produce nuevo conocimiento a partir de la investigación, y en que la información ya no escasea, es más, abruma se hace necesario diseñar estrategias de apropiación de conocimientos. Es así, que en el ejercicio de la docencia actual dicha búsqueda lleva cuestionar cómo posibilitar que los estudiantes aprendan, dónde aprender va más allá de llenar cabezas de conocimiento sino lograr que ese conocimiento sirva para la vida.

Lo anterior parece utópico, que el conocimiento sirva para la vida es ambicioso, pero el ejercicio del conocer se materializa en la toma de decisiones, que para el caso de las ciencias naturales y por mencionar algunos ejemplos llevarían a cuestionar el propio cuerpo y los hábitos alimenticios, el efecto de las sustancias psicoactivas en él, debates éticos como el aborto y la eutanasia desde una perspectiva científica, el transcurrir del universo y el planeta tierra para saber quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos, analizar el panorama ambiental actual que a todos nos compete, evaluar las propuestas ambientales de los políticos que pretenden ocupar un lugar en el gobierno de nuestro país y nosotros elegimos, entre mucho otros.

Cuestionar el ejercicio docente finalmente lleva a la compresión de que el conductismo, propuesta pedagógica de Skinner, Watson y otros, difícilmente lleva a la apropiación del conocimiento, no obstante, sigue siendo la base del modelo educativo en el que nos encontramos inmersos tanto estudiantes como profesores. Así pues, para lograr dicha apropiación no queda otra que estimular la curiosidad nata de cada individuo que llega a un aula y que el sistema se ha encargado de apagar. En palabras de Morín (1999):

La educación debe favorecer la aptitud natural de la mente para hacer y resolver preguntas esenciales y correlativamente estimular el empleo total de la inteligencia general. Este empleo máximo necesita el libre ejercicio de la facultad más expandida y más viva en la infancia y en la adolescencia: la curiosidad, la cual, muy a menudo, es extinguida por la instrucción, cuando se trata por el contrario, de estimularla o, si está dormida, de despertarla.

De esta manera, desde el año pasado en la asignatura de bioquímica en el Colegio Kapeirot se orientó un proceso en el cuál los estudiantes han cultivado algunos alimentos tales como la papa, la zanahoria, el rábano y la uchuva; algunas otras plantas como la espinaca, el cilantro, aromáticas como la hierbabuena, la manzanilla, entre otros. Se construyó una huerta móvil para el colegio, y en el presente año se le dio uso como cama de compostaje. Este hecho se alinea con lo dicho anteriormente en la medida en que cada estudiante elige una planta y construye un conocimiento alrededor de la misma, lo apropia, le da sentido a su quehacer en el colegio, crea, analiza hechos y situaciones que afectan a ese ser vivo que tiene a su cargo. Adicionalmente, este tipo de actividades en el aula fomentan la colectividad, el trabajo en equipo, el asumir un rol dentro del grupo y saber que tengo una responsabilidad; lo anterior a partir de un diario de campo que se lleva de las plantas y al que cada estudiante debe aportar, se promueve el liderazgo, en este caso particular, ha sido asumido por los estudiantes del proyecto ecoambiental que con ahínco han evaluado y hecho seguimiento a esta actividad. En conclusión, pensar la escuela desde una perspectiva constructiva del saber contrario a la transmisión de este vale la pena puesto que en lo propio es una riqueza invaluable en la profesión docente, y en los estudiantes lleva al conocimiento y no a la memorización, que en el futuro se traduce en la toma consiente y sensata de decisiones.

Docente: Camila Andrea Ortiz Ospina

Referencias bibliográficas

Morín, E. (1999) Los siete saberes para la educación del futuro. UNESCO. París, Francia.